Mary, vino. Desde que llegó hasta que se fue (y un poquito más) dormí solo lo estrictamente necesario (que en mi es bastante poco), comí lo estrictamente necesario, tomé lo exageradamente innecesario (pero divino), paseé lo suficientemente necesario, me reí como nunca creí que fuera necesario y hasta me tocó llorar más de lo que imaginé necesario…Gracias a todos los que me desearon unos felices días a su lado, a los que preguntaron cómo me fue, a los que estuvieron conmigo, pues ¡así fue! Fueron días maravillosos.
Se regresó a Margarita el sábado. Apenas me abrazó, sólo alcanzó a balbucear: - Ya, déjame, que no me gustan estas vainas… Vi lágrimas tras sus lentes y nostalgia tras su sonrisa. A pesar de los cambios sorprendentes que vi en ella durante esta visita, sigue siendo Ella y pude verla, finalmente, justo en ese momento. En el momento en que la despedida, volvió a dejarla al descubierto. Con eso me quedé tranquila y más feliz aún porque finalmente, por un par de minutos, pude volver a verla.
¿Yo? Pues ya volví a mi rutina. El trabajo, bien. La cotidianidad pisándome los talones y yo, como cualquier gata, brincando entre los muros y tejados de mi mente para que no me alcance.
Pero siento silencio. Siento que estoy viviendo una larga noche. Siento que a cualquier hora es de madrugada. Siento que el más mínimo ruido, es demasiado ruido. Así que hago silencio…
La Gata, solo merodea… sigilosa, callada, de puntillas. En cualquier momento vuelvo. Cuando sepa qué es exactamente lo que estoy acechando. Quizás sea solo el reflejo de la luna en la calle o la sombra que pasa. No puedo resistir mi naturaleza. Mi curiosidad me lleva hipnotizada y acecho hasta saber qué es lo que tiene presa mi atención.
Esta gata hace silencio, porque eso es lo que siente ahora.
Así que… shshshshshshs… besos que ladran…


